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El futuro del agro está en el aire

Por: Trinidad Barras, Magdalena Boschetti, Shannon Traiber y Paulina Vivani

La precisión milimétrica, la reducción de pisoteo y la eficiencia operativa son las características principales que tiene el dron agrícola con las que desafía a la maquinaria tradicional.

La transformación tecnológica del campo argentino sumó en los últimos años un nuevo protagonista que sobrevuela los lotes a baja altura y redefine la manera en que se gestionan los cultivos: los drones agrícolas. Aquello que pasó de ser una promesa del futuro de a poco comienza a ser una herramienta cotidiana en el sector rural del país. 

 

Según explicó Federico Lobos, experto en pulverización y tecnología de precisión y piloto de drones y consultor sectorial, en la jornada Expoagro 2026, la cantidad de drones volando en toda la Argentina ronda los dos mil equipos. Además, dijo: “En 2024 había sólo cincuenta mil hectáreas aplicadas con drones, tanto en pulverización como en siembra. En julio de 2025 había un millón y se espera que, pasada la campaña gruesa de este año, sean más de dos millones de hectáreas en total”.

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El principal motivo que lleva a productores y prestadores de servicios a elegir esta tecnología se vincula con la necesidad de ganar precisión, cuidar el suelo y reducir el margen de error operativo, lo que conlleva a una mejora económica directa al optimizar el uso de insumos y reducir el desperdicio de producto.

Cortesía de DJI.

Infografía sobre las diferencias entre la maquinaria agrícola y los drones

Elaboración propia.

Para Marcos Di Fazio y Gastón Azzat, cofundadores de Agrosinergia, una empresa dedicada a la agricultura de precisión inteligente, la principal ventaja del dron es que garantiza la continuidad del trabajo aun en condiciones de suelo poco firme, anegado o con el cultivo ya en desarrollo, momentos en donde se dificulta la entrada de pulverizadoras o de aeronaves agrícolas. Además, evitan el pisoteo. “Una aplicación terrestre inevitablemente rompe plantas y redunda en una disminución de la producción calculada con un piso de un 2% o de hasta un 5%”, añadieron. 

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“Con las cinco cámaras podemos hacer combinaciones de imágenes, generar diagnósticos precisos que sirven para elaborar mapas de prescripción digital, permitiendo aplicar insumos solo donde realmente se necesita, y anticipar problemas en el cultivo, como enfermedades o estrés híbrido”, expresaron.

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Por otro lado, desde la perspectiva de la aviación agrícola, la mirada es contundente: los métodos tradicionales mantienen el dominio operativo del campo. Facundo García, aeroaplicador de Florentino Ameghino, sostiene que en su zona, noroeste de la provincia de Buenos Aires, la tecnología no tripulada no alcanzará para suplantar la capacidad y rapidez del trabajo aéreo o terrestre tradicional, sino que encontrará su lugar en un segmento de zona y nicho específico. “Un dron puede realizar de 80 a 100 hectáreas por día, mientras que un avión alrededor de mil hectáreas diarias. Esto se debe a la capacidad de vuelo y de carga, que es entre 80 y 250 ha.”, concluyó García.

Pablo Moreno, aeroaplicador de Pergamino, coincide con García: “La gente está equivocada: el dron no competirá de forma directa con el avión o la terrestre. Se ubicará en zonas determinadas, en parcelas chicas o de difícil acceso”. 

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Frente al contraste de opiniones en el sector, resalta la coincidencia en cuanto a la necesidad de establecer mayores regulaciones y exigencias operativas. Moreno explicó que, aunque la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) clasifique a estos equipos en 'categoría abierta' (sin carnet obligatorio en el campo) por sus características de vuelo, al ser aeronaves que realizan aplicaciones fitosanitarias, quedan conceptuados bajo las mismas reglas de trabajo aéreo que un avión tradicional. Comparten, por ende, las mismas restricciones legales y ambientales, con la diferencia de que en la práctica real casi no se cumplen. 

Cortesía de InfoCampo.

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+2M

Hectáreas Proyectadas

+3600

Drones en Operación

+35

Hectáreas por hora

80%

DJI domina el mercado

Matías Blando, cabeza de Maguata, prestadora de servicios agronómicos con tecnología aérea,  coincide y advierte que al ser una tecnología difícil de controlar y de tan fácil acceso, muchas personas la operan sin los conocimientos necesarios, lo que genera riesgos operativos, como accidentes con tendidos eléctricos, riesgos ambientales para la sociedad o malas aplicaciones que terminan perjudicando la reputación de la tecnología ante los productores.

 

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En este contexto, el diputado Carlos Puglelli presentó un proyecto de ley que ordena y regula el uso de drones en actividades agropecuarias en la provincia de Buenos Aires. El proyecto pide crear el Registro Provincial de Operadores de Aeronaves Piloteadas a Distancia para uso agropecuario, donde deberán inscribirse todas las personas físicas o jurídicas que operen drones agrícolas, regular la capacitación técnica de aeronaves piloteadas a distancia y garantizar que las aplicaciones aéreas con drones cumplan con la fiscalización de fitosanitarios. Esta ley plantea un marco general. De esta manera,  no se prevé diferenciación por tamaño de productor o aplicador. 

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Consultado sobre cómo equipará a la autoridad para fiscalizar en tiempo real el cumplimiento de las aplicaciones, Puglelli expuso que el control es algo difícil, pero que ya existen en muchos municipios de la Provincia regulaciones que exigen permisos y habitaciones, y que también hay denuncias de particulares que alertan. 

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El mapa del agro está cambiando. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) compartirá los datos de la primera encuesta sobre la adopción de esta tecnología en el sector en el Congreso Internacional de Drones 2026 los días 23, 24 y 25 de septiembre en Tucumán.

“La gente está equivocada: el dron no competirá de forma directa con el avión o la terrestre", explicó Pablo Moreno.

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